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huaso3 huaso2 huaso1 huaso0A. T. PINEDA

La chilenidad tiene un embajador de lujo singular y lleno de colorido, la Escuadra Ecuestre de Palmas de Peñaflor, un espectáculo que recoge a través del mundo del caballo una cultura rica y viva y el sentimiento de un país que va desde el Altiplano a la isla de Pascua. Toda la riqueza del pueblo chileno se transmite en una representación ecuestre que unifica todas las diferentes regiones de este gran país americano.

El espectáculo chileno nace de unos jinetes y de unos caballos con personalidad pero que se hermanan a lo largo de la historia con otros jinetes y caballos con una fuerte impronta como son los vaqueros andaluces y los caballos españoles. Estos jinetes chilenos son los huasos y los caballos del país andino son los de raza chilena. Ellos conforman un espectáculo que va más allá de regionalismos y que transmiten la imagen de un  país moderno con una arraigada tradición. Se representa la Patagonia, la zona central y montañosa del país andino, la emblemática y enigmática isla de Pascua y la Altiplanicie, nexo de unión con las grandes culturas del Altiplano. Es un espectáculo que evoca, como bien dice la Escuadra, el desierto, la montaña, la Polinesia y las islas del país andino. El folclore, la música, entre la que destaca el arpa, instrumento de cuerdas libres que luce armónicamente en manos de artistas de Sudamérica, la canción, los bailes, y todo el colorido de los trajes, banderas y la alegría de los habitantes de Chile, se transmiten en una pista de arena, limitada en espacio pero que escapa a las dos dimensiones para mostrar una cultura tan lejana y tan cercana a la nuestra.

El espectáculo se basa en un elemento singular de Chile, el huaso. El país andino es tierra montañosa, encontrándose la ganadería en la zona central, entre las provincias de Aconcagua y Llanquihue y es en esta zona donde nació el huaso. La palabra designa al hombre de campo, al agricultor, sea vaquero o no, y deriva del idioma quichua donde adquiere el significado de hombre a caballo. La huasería nació en las grandes estancias chilenas y a su formación contribuyeron los jesuitas instalados en la zona, ya que la Compañía de Jesús contaba con ganadería propia en el siglo XVIII en Chile. Esta influencia de los jesuitas se observa, por ejemplo, en los llamativos y característicos estribos de los huasos, en madera, en los que en algunos casos aparecen artísticamente tallados y con simbología de los padres jesuitas.

El atuendo de los jinetes huasos tiene gran paralelismo con el de los vaqueros andaluces. Visten chaquetilla corta, de color blanco, chaleco y pantalón de paño grueso. Como prenda de abrigo, en lugar del marsellés, utilizan el poncho de un solo color, generalmente beige con diversas tonalidades, y cuando acuden a fiestas emplean una manta de vivos colores o ‘chamanto’, generalmente con los colores de la bandera chilena. Al igual que los vaqueros andaluces, llevan faja a la cintura, comúnmente de color rojo. El sombrero es de ala ancha fabricado en fibras vegetales o de fieltro, idéntico al sombrero cordobés. En lugar de zahones, utilizan llamativas y decoradas perneras, adornadas con flecos y hebillas. También son característica las grandes espuelas plateadas, que reciben el nombre de ‘chilenas’, por lo que las botas poseen un tacón alto, lo que condiciona la manera de andar de los jinetes chilenos. La silla de montar de estos vaqueros andinos, parecida a la andaluza, es de cabezadas alta para que los jinetes se mantengan encajonados durante su labor campera, compuesta de arreones y movimientos rápidos y ágiles, que se manifiestan también en sus característicos rodeos con ganado bravo, al igual que las competiciones de doma vaquera o de acoso y derribo en Andalucía.

Y estos movimientos rápidos con galopes, vueltas y sincronización entre varios jinetes, acompañados de música chilena en directo y el colorido y alegría de las ‘chinas’ –su pareja en las danzas— en las peculiares cuecas o baile nacional chileno, además del ondear de las banderas de Chiles, conforman un espectáculo singular y llamativo, como el de la Escuadra Ecuestre de Palmas de Peñaflor.