Crisis en la Asociación Nacional de Criadores de Caballos Españoles (Ancce)

La historia de Ancce es la historia del renacer del caballo español, pero también es una historia de crisis de manera continuada. Y Ancce sigue en crisis, aunque no se le quiera dar importancia. Que una junta directiva, en la que el peso recae en el presidente, el secretario y los vicepresidentes se vea mermada por la dimisión de un vicepresidente y el secretario, además de unos de los vocales de más peso, no es una marejada, es una crisis en mayúscula. Quien lleve razón o no es otra cuestión, pero en Ancce existe una crisis y muy importante. Todo comenzó hace más de un mes cuando el secretario de la patronal mundial de los ganaderos de caballos españoles, Antonio Ruiz, junto al vicepresidente de la misma, Pedro Vallejo, y un vocal del prestigio de Manuel Novales de la Escalera, presentaron su dimisión. Los motivos aludidos por los dimisionarios: el incumplimiento de las promesas de cambio. Los tres ganaderos presentaron con posterioridad, hace pocos días, una carta para volver a aclarar los motivos de su renuncia: “las profundas discrepancias que sentimos, tanto en la organización de la asociación en general como en decisiones de fondo que atañen a la política establecida y que imposibilita las circunstancias adecuadas para nuestra continuidad”. A esta carta se sumó el comunicado del exsecretario de Ancce, Antonio Ruiz. Para el ganadero cordobés, los culpables son el director general de la asociación, Jaime Molina y las personas que están detrás de él “que mueven los hilos”. Según Ruiz, hay “un grupo de ganaderos quienes manejas y se sirven de Jaime para imponer sus intereses al resto de los socios”. En el comunicado pedía a la directiva actual “austeridad y control del gasto, retirada de tarjetas de crédito, auditorías para ajustar a los medios humanos y materiales, elaboración de un nuevo reglamento de régimen interno del Libro Genealógico, y un intento de evolución y mejora en el Sicab, concursos, deportes, jueces, etc.” entre otras cuestiones. A este comunicado respondió el presidente de Ancce, Juan Tirado, en una carta enviada a Diario CÓRDOBA, en la que manifiesta que “no somos partidarios de hacer comunicados públicos sobre decisiones personales adoptadas por terceros y notificadas por escrito a la asociación, máxime cuando si quiera han sido objeto de debate en el seno de los órganos de gobierno de la misma”. Tirado incide en el rotativo que «han presentado libremente su dimisión» y han trabajado en la asociación “sin injerencias y contando con los colaboradores que han estimado conveniente”. El mandatario subraya que los proyectos que se toman en la asociación son por consenso de la mayoría o totalidad de sus integrantes, “negando rotundamente las insinuaciones de manipulación o prácticas irregulares en la gestión de la asociación, las cuales dañan la imagen y buen nombre de la misma y sus órganos de gobierno”.

Unos hablan, otros callan, pero hay mucho ruido y “cuando el río suena…”. Se ha producido una fractura ahora mismo difícil de valorar. Hay ganaderos que han manifestado su apoyo a los dimisionarios. Hay quienes defienden a capa y espada el buen hacer de la junta presidida por Tirado. La verdad es que crisis, lo que se dice crisis, la hay. Y esto no es bueno para los ganaderos de caballos españoles; no es bueno para el caballo español; no es bueno para el deporte; no es bueno para la economía; y no es bueno para la imagen de Ancce. Si hay que cambiar, cámbiese, sin miedos. Si persisten en Ancce personas o estructuras de manera continuada que no han funcionado bien, cámbiense; si hay personas que no quieren sumarse a un proyecto con futuro, limpio, sin intereses particulares, váyanse o dimitan. No es cuestión de doctrinas o programas partidistas; es cuestión de sentido común y trabajo en común. Es la mejor receta para la crisis y contra la intransigencia –de la parte que provenga– para acabar con esta crisis cuasi endémica y contra una posible fractura y un lejano, por ahora, cisma en el caballo español.